Comunicar con claridad y seguridad en público es una habilidad que se entrena. Con método y práctica, cualquier portavoz puede aprender a estructurar mejor sus ideas, adaptarse a diferentes formatos y proyectar confianza. El resultado siempre son mensajes más sólidos e intervenciones con impacto. En las sesiones de formación de portavoces trabajamos la comunicación como una competencia estratégica: planificada, entrenada y medible.
Comunicar con claridad y seguridad en público es una habilidad que se entrena. Con método y práctica, cualquier portavoz puede aprender a estructurar mejor sus ideas, adaptarse a diferentes formatos y proyectar confianza. El resultado siempre son mensajes más sólidos e intervenciones con impacto. En las sesiones de formación de portavoces trabajamos la comunicación como una competencia estratégica: planificada, entrenada y medible.
El proceso comienza siempre con una fase de análisis. Antes de entrar en técnicas de oratoria, definimos qué se debe decir y por qué. Identificamos los objetivos de comunicación, el contexto (entrevista, conferencia, rueda de prensa, vídeo corporativo o entorno online) y el público al que nos dirigimos. A partir de aquí, ayudamos al portavoz a concretar sus mensajes clave: ideas fuerza claras, sintetizables y alineadas con la estrategia de la organización. También analizamos los puntos fuertes y débiles del portavoz. Todos tenemos aspectos que funcionan muy bien y que hay que potenciar, y también es importante detectar aquellos puntos débiles para poder trabajarlos y ponerles solución antes de cualquier intervención.
La segunda fase es la estructuración del discurso. Trabajamos una técnica para ordenar las ideas para que el relato sea coherente, comprensible y memorable. Practicamos la síntesis, estructuras de respuesta para entrevistas (especialmente útiles ante preguntas complejas o incómodas) y recursos para reforzar los mensajes con datos, ejemplos o anécdotas que los hagan más tangibles.
El núcleo de la formación es la práctica. Simulamos entrevistas con periodistas, intervenciones en público, comparecencias breves ante cámara o presentaciones ante equipos internos. Las simulaciones se graban y se analizan con detalle. El feedback es individualizado, específico y orientado a la mejora: qué funciona, qué se puede optimizar y cómo hacerlo de manera concreta.
En cuanto a las habilidades, trabajamos cuatro dimensiones esenciales: la claridad y el impacto; la seguridad; la adaptación y la comunicación no verbal.
La claridad y el impacto pasan por estructurar las ideas, evitar tecnicismos innecesarios, formular titulares y cerrar intervenciones con mensajes que dejen huella. La seguridad se trabaja mediante técnicas para gestionar nervios, controlar el ritmo, utilizar silencios y proyectar una imagen de confianza coherente con el rol que se representa. La adaptación implica ajustar el tono, el lenguaje y el nivel de detalle según el formato y la audiencia —entrevistas en directo, pódcasts, reuniones internas o presentaciones ante clientes— para que el mensaje sea siempre pertinente y eficaz.
Finalmente, abordamos la comunicación no verbal: voz, entonación, postura, gestualidad y expresión facial. A menudo, pequeños ajustes en estos aspectos generan grandes cambios en la percepción de credibilidad y liderazgo.
Los resultados son visibles. Profesionales que inicialmente responden con frases largas y dispersas aprenden a sintetizar en ideas claras. Portavoces que evitaban la cámara terminan transmitiendo con serenidad y convicción. Cuando el mensaje es claro y la persona lo comunica con seguridad, el impacto reputacional de la organización se multiplica.
El miedo a hablar en público acostumbra a ser, en realidad, miedo a perder el control. Cuando un portavoz recibe herramientas y método, este miedo desaparece y es sustituido por la seguridad de quien sabe exactamente qué quiere decir y cómo quiere ser recordado.
Comunicar con seguridad y eficacia es una habilidad que se entrena.