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Truthful Talks: Formar en comunicación es formar en responsabilidad

  • 24 Feb 2026
  • Opinión
per Aina Rodriguez Escoruela
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La semana pasada unas compañeras estaban reorganizando el archivo digital y tenían que poner nombre a la carpeta donde guardamos proyectos que, por distintos motivos, no han prosperado. Alguien propuso "Proyectos desestimados". Era una etiqueta clara, objetiva. Pero una de las compañeras sugirió buscar otro nombre. "Si queremos que estos proyectos salgan, pensamos en positivo. Quizás lo que hoy no ha salido, mañana nos lo quieren encargar", dijo. Aquel comentario me quedó en la cabeza. Porque hablaba de palabras, pero sobre todo hablaba de actitud.
Esa anécdota conecta directamente con nuestra convicción: comunicar con responsabilidad no es sólo hablar claro. Implica comprender el impacto de los mensajes y adaptarlos a quien los recibe. Las palabras no son neutras. No sólo describen la realidad, también la moldean. El lenguaje puede cerrar posibilidades o dejarlas abiertas, puede generar confianza o distancia, puede reforzar estereotipos o contribuir a desmontarlos.
Cuando formamos portavoces, equipos directivos o profesionales que deben intervenir en entrevistas, presentaciones o espacios públicos, a menudo el foco inicial es la seguridad: hablar con claridad, ordenar ideas, controlar los nervios, transmitir solvencia. Y todo esto es imprescindible. Pero con los años he entendido que la formación en habilidades comunicativas va mucho más allá de la técnica. Es también un ejercicio de conciencia. Es ayudar a las personas a entender que cada palabra, gesto y tono de voz construyen una percepción. Que no sólo representan a una organización, sino a unos valores.
Formar en comunicación es trabajar la empatía. Es invitar a escuchar antes de hablar. A preguntarse qué expectativas tiene la audiencia, qué contextos sociales pueden influir en la interpretación del mensaje, qué sesgos –de género, culturales, profesionales– pueden estar operando sin que nos demos cuenta. Es asumir que no todo el mundo recibe el mensaje desde el mismo sitio y que, por tanto, comunicar con responsabilidad exige adaptar, matizar y, sobre todo, respetar.
También es entender que la coherencia es clave. No sirve de demasiado dominar un discurso impecable si el tono no acompaña, si el lenguaje corporal transmite prisa o superioridad, o si el contenido no es coherente con las prácticas reales de la organización. La comunicación responsable pide alinear relato y acción, intención e impacto. Y esto sólo se logra con un aprendizaje integral que combina competencia técnica, ética y sensibilidad social.
Aquel debate sobre el nombre de una carpeta me recordó que la cultura comunicativa de una organización no comienza delante de un micrófono ni de una cámara. Empieza en los espacios internos, en cómo nos hablamos entre nosotros, en cómo etiquetamos los errores, los proyectos que no han salido, las oportunidades aplazadas. Si internamente utilizamos un lenguaje que cierra, difícilmente podremos proyectar hacia afuera una mirada abierta y constructiva.
Por eso defiendo que formar en habilidades comunicativas es, en el fondo, formar en responsabilidad. Es ayudar a profesionales a ser más claros y seguros, pero también más conscientes y respetuosos. Es entender que comunicar no es sólo transmitir información, sino generar impacto. Y que ese impacto, si lo queremos positivo y coherente con los valores que defendemos, requiere intención, escucha y mucha humanidad.
Por si tiene curiosidad, finalmente la carpeta se llama simplemente “Proyectos”. Los que prosperan pasan a ser "Clientes" y los que estamos desarrollando son "Proyectos en curso". Optamos por un nombre abierto, sin adjetivos que cierren posibilidades, porque queremos que el lenguaje refleje esta actitud constructiva y en evolución constante de la que hablaba al principio. Al fin y al cabo, también así se construye una cultura comunicativa: con palabras que no sentencian, sino que dejan espacio a lo que todavía puede llegar.