Oratoria es una palabra algo pasada de moda que define el arte de persuadir, informar, convencer o conmover a un público determinado. Efectivamente, no tiene la misma finalidad un mitin político (que quiere seducir o reforzar vínculos con la audiencia) que una rueda de prensa (que quiere informar en beneficio de determinados intereses) ni un sermón religioso o un homenaje funerario (que quieren destacar y/o recordar los principios fundamentales de una determinada doctrina o los valores personales de una persona desaparecida).
Oratoria es una palabra algo pasada de moda que define el arte de persuadir, informar, convencer o conmover a un público determinado. Efectivamente, no tiene la misma finalidad un mitin político (que quiere seducir o reforzar vínculos con la audiencia) que una rueda de prensa (que quiere informar en beneficio de determinados intereses) ni un sermón religioso o un homenaje funerario (que quieren destacar y/o recordar los principios fundamentales de una determinada doctrina o los valores personales de una persona desaparecida).
En cualquier caso, el denominador común es la persuasión. Está demostrado que quien no comunica no persuade, y quien no persuade no aporta valor a su círculo de intereses.
Hoy en día la oratoria ha derivado en concepto definitorio de la proyección social de algunos filósofos, como Demóstenes o Pericles en la antigua Grecia: políticos o parlamentarios, como Abraham Lincoln, Winston Churchill, Nelson Mandela, Martin Luther King, John F. Kennedy o Emilio Castelar; predicadores como santo Tomás de Aquino o san Vicent Ferrer; o incluso vendedores ambulantes como los que la gente de mi generación conocimos de pequeños ofreciendo sus mercancías por las esquinas.
Actualmente a esa capacidad ya no se la llama “tener una buena oratoria”, se la llama “tener buenas habilidades comunicativas”. Una sustitución semántica acertada, dado que el segundo concepto incluye el primero y que la comunicación no se expresa sólo verbalmente sino también gestualmente en más de un 80%, como afirman algunos especialistas, .
Estamos hablando de “lenguaje no verbal”, un lenguaje corporal que es necesario controlar, con el tono de voz, las inflexiones, las pausas y otras técnicas, para mostrar argumentos y convicciones sin impostar exageradamente la voz, que es algo que suele generar desconfianza.
Y es precisamente por ahí por dónde hay que empezar para conseguir una comunicación ética y responsable: por las convicciones. Ningún orador, de ninguna época histórica, será capaz de convencer, y menos conmover a nadie si no está plenamente convencido de sus tesis.
COMUNICAR, CONMOVER Y CONVENCER
Convencer y conmover comparten el mismo prefijo que comunicar, que significa unión, compañía, participación o agregación. Es decir, comunidad, que es una creación cultural indispensable para hacer negocios, levantar empresas, formar equipos, interactuar con colaboradores, proveedores y otros stakeholders de interés para cualquier proyecto, una vez identificados los públicos potencialmente interesados en él.
Y ésta es precisamente la división de Intermèdia, la de formación en habilidades comunicativas, que más está progresando últimamente en la agencia bajo el liderazgo de la formadora Anna Caballero. Una formación que empieza por explicar la técnica del triángulo invertido (titular, entradilla y conclusión final) y que sirve tanto para la comunicación oral como para la comunicación escrita.
Enhorabuena, Anna.
¡Feliz mes de marzo a todo el mundo!