En el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles definió al hombre como un animal político, es decir, social. O dicho de otro modo, capaz de crear familias, sociedades y, en definitiva, ciudades, en el sentido de entidades y personas organizadas en un sistema político.
Muchos cientos de años más tarde, procuradores, abogados, médicos, farmacéuticos, arquitectos, ingenieros y notarios fueron algunas de las primeras profesiones liberales que se organizaron en Cataluña entre los siglos XVIII, XIX y principios del XX, como consecuencia directa del crecimiento de la enseñanza universitaria, la industrialización y la aparición de las profesiones liberales.
Su precedente histórico, aunque con naturales diferencias derivadas de su diferente entorno histórico, social y político, fueron los gremios de artesanos que reunían a practicantes de diferentes oficios manuales. Aparecieron entre los siglos XI y XII, a medida que crecían las ciudades, el comercio y el artesanado urbano. Algunos de ellos todavía perduran.
En Barcelona, llegaron a tener una fuerza considerable dentro del Consell de Cent, que gobernaba la ciudad y sus calles. Eran formados por carpinteros, herreros, tejedores, zapateros, plateros, impresores, etc.
Unos y otros trabajaban y trabajan en defensa de los intereses de sus afiliados, pero también por la convivencia pacífica y el progreso del mayor nombre posible de conciudadanos en su contexto urbano de referencia.
Intermèdia ha tenido el honor y el placer de trabajar y haber trabajado por muchos de ellos, como por ejemplo, el Col·legi de l’Advocacia, de Economistes, de Arquitectos, de Agentes Comerciales, de Odontologos, de Procuradores, de Administradores de Finquas de Barcelona y Lleida, de Auditores, de Graduados Sociales, de Economistas, de Ingenieros Industriales, la Asociación Española de Centros Comerciales, la Afopac (Associación de Panaderos i Pasteleros de Catalunya), y ahora, más recientemente, por el Gremio d’Estaciones de Servicio y por el Gremio de Garajes.
Tres públicos en círculos concéntricos
La incidencia de estos colectivos organizados frente a la opinión pública no es sólo innegable, sino constante. Un gremio o un colegio sabe que tiene tres públicos indispensables que reclaman su eficiencia.
El primero es interno y está integrado básicamente por sus afiliados, quienes deben sentirse protegidos y bien representados dentro de un sistema de responsabilidades compartidas (y a menudo disputadas) con las instituciones políticas, mediáticas y económicas del país, que, a su vez, también forman parte de ese público.
El segundo círculo concéntrico es el formado por los colectivos "hermanos" de cada uno. En el caso de los médicos, los enfermeros. En el caso de los abogados, los procuradores, por poner sólo dos ejemplos lo suficientemente evidentes.
Por último, tenemos el “gran público”, con el que hay que conectar identificando cuáles son los intereses que relacionan unos y otros y, en definitiva, cuál es la utilidad de esta relación, qué grado de confianza proyecta el colectivo, qué autoridad se le puede otorgar en temas de de su competencia y en definitiva “¿esto para qué sirve?”.
Una pregunta que desgraciadamente también hemos oído formular alguna vez a algunos profesionales de diferentes disciplinas colegiadas, y que hemos aprendido a contestar con la ayuda de nuestros servicios de conceptualización, formación en liderazgo y habilidades comunicativas y construcción de círculos de confianza institucionales, sociales y mediáticos.
¡Feliz mes de junio a todo el mundo!