En un periodo postvacacional que a menudo se ha puesto en relación con la conveniencia de fijarnos nuevos objetivos o retos, admitimos que nos lo hemos hecho venir bien para plantearos un aspecto sobre el que reflexionar antes que este 2026 concluya.
Desde la perspectiva del funcionamiento de una organización empresarial o similar, arrancar con buen pie el 2027 puede venir condicionado por un planteamiento previo que, en el terreno concreto de la comunicación corporativa, sería recomendable establecer durante el último trimestre de este año. Desde ya mismo, a ser posible.
En este marco, el envite debería pasar por organizar y reorientar la comunicación directiva y de la organización. Pero, ¿bajo qué premisas hay que llevarlo a cabo? En esencia, la respuesta nos vendrá dada por una auditoría o análisis que nos objetivará el punto donde nos hallamos (es decir, qué ha funcionado y qué no lo ha hecho y, en consecuencia, si se han alcanzado los objetivos delimitados con antelación y con qué impacto), en una fotografía el máximo de fidedigna de la empresa y de sus circunstancias en un momento concreto.
Obtenida la imagen, la secuencia a seguir se articulará en base a contenidos y acciones que decantan de forma casi natural. En primer lugar, será necesario establecer, si se da el caso, nuevas prioridades de aquí al final de año, a través de la identificación de los objetivos, los públicos y los canales críticos que pueden contribuir en mayor medida a la buena marcha del negocio y a la construcción o consolidación de la (justa) reputación.
En buena lógica, esto implicará a buen seguro la revisión del relato corporativo. Porque hay que llevarlo al terreno más propicio con la idea que sea tan claro y consistente como reconocible en función de cómo queremos vernos proyectados/percibidos en las esferas yuxtapuestas de actividad, geográfica y social que nos son propias o afines. Aquí, el rol de un portavoz (por supuesto, que esté muy bien formado en el cometido) deviene clave en términos de liderazgo y, a la vez, en la consolidación de aquellos asuntos o ejes que se hayan designado de forma previa. Nada más útil, en este punto, que elaborar un mapa de portavoces, temas y oportunidades.
Todo ello podría parecer una abstracción aislada y, en cierta medida, lo será hasta el momento en que seamos capaces de convertirlo, de forma calendarizada y realista, en un plan de acciones concretas. Disponemos ‘solo’ un trimestre, ¿lo recordáis? Lo tenemos que nutrir con contenidos adecuados valiéndonos de los canales propios, considerar las oportunidades que pueden derivarse de la celebración de eventos (siempre que estén bien organizados) y hacer hincapié en la comunicación interna. Debemos calibrarlo como un todo sinérgico e integrado.
Porque será solo a partir de esta concepción unitaria que alcanzaremos la alineación pretendida; esto es, aquella que religa la comunicación corporativa, el liderazgo y el negocio (porque sí, en última instancia, se trata de coherencia) en un tipo de aleación que conferirá solidez al proyecto en su día a día y que, no nos debería pasar por alto, nos permitirá sobrevolar el año 2027 con la confianza de quien tiene los deberes hechos.